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Con este post empieza una mini serie de artículos sobre la huella de carbono que irán apareciendo los próximos meses.

El objetivo es que entiendas en qué consiste, veas cómo se calcula y sepas cómo reducirla y compensarla.

Uno de nuestros objetivos es facilitar el acceso a la sostenibilidad a todo el mundo, que muchas veces se ve rodeada de conceptos complejos y algo abstractos, así que intentaré que estos posts sean lo más claros y sencillos posibles.

Y sin más preámbulos ¡comenzamos!

¿Qué es la huella de carbono?

La huella de carbono es una medida, al igual que usamos litros para ver la capacidad de la olla exprés o kilos para controlar nuestro peso.

Y me preguntarás, ¿qué es lo que mide? Aquí viene lo más complicado: mide la cantidad de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera.

¿Gases de efecto invernadero? ¿Y qué o quién los emite?

Vayamos por partes.

Los gases de efecto invernadero, o GEI por sus siglas, con gases que están en la atmósfera y que tienen la capacidad de absorber y emitir radiación infrarroja del sol (simplificando mucho, muchísimo, pueden acumular o pueden soltar el calorcito que da el sol). 

Esta capacidad de absorber o emitir infrarrojos es la que causa el efecto invernadero, que es la razón por la que podemos vivir en la Tierra a una temperatura agradable y apta para nuestra existencia y la de muchas otras especies.

El efecto invernadero se llama así porque lo que hacen los GEI con el planeta es lo mismo que lo que ocurre dentro de un invernadero en la huerta: entra el calor del sol pero no sale totalmente, haciendo que esté todo a una temperatura mayor ahí dentro.

Los principales GEI en la atmósfera terrestre son el vapor de agua, el dióxido de carbono, el metano, el óxido de nitrógeno y el ozono. Sin los gases de efecto invernadero la temperatura promedio de la superficie terrestre sería alrededor de ?18 °C,2? en lugar de la media actual de 15 °C. ¡Sería prácticamente imposible vivir en la Tierra!

Mono rascándose la cabeza
La que habéis liado, humanos.

Estos gases de efecto invernadero existen de forma natural, pero también los producimos nosotros en una multitud de actividades, pero fundamentalmente aparecen por la quema de petróleo, carbón y gas natural.

Si te estás preguntando cuál es el problema, puesto que existen de forma natural y gracias a ellos podemos vivir en este precioso planeta, vuelvo al ejemplo del invernadero en la huerta. 

¿Qué ocurre si mejoras los cierres del invernadero y pones unas placas más gruesas? Que donde antes el invernadero llegaba a una temperatura ahora subirá mucho más. En mi casa nos ha pasado de tener que abrir las puertas del invernadero para que no se nos murieran las plantas por exceso de calor, ¿lo has vivido alguna vez?

Lo mismo ocurre con los GEI, si además de los que ya existen de forma natural, nos empeñamos en mandar más y más a la atmósfera, seguirá entrando el calorcito del sol, pero cada vez tendrá más dificultades para salir y por lo tanto más y más se calentará la Tierra. 

Y así, es como funciona el cambio climático y todos los peligrosos efectos que trae consigo: derretimiento de los polos, subida del nivel del mar, sequías, olas de calor, etc. etc.

Chico con chubasquero en manifestación por el cambio climático
Yo ya quería un chubasquero amarillo antes de Greta Thunberg, pero parece que se han puesto de moda. (PD: Soy muy fan del dibujo de la Tierra añorando mejores tiempos)

Volviendo a la huella de carbono, lo que medimos con ella es esa cantidad de GEI que mandamos a la atmósfera es decir, lo que aportamos al cambio climático.

Respecto a qué o quién los emite, como te comentaba antes la principal fuente no natural de emisiones de GEI está en la quema de combustibles fósiles y si lo piensas un poco, prácticamente para cualquier cosa estamos quemando ese tipo de combustibles. 

Es sencillo verlo en los motores de los coches de gasolina o en las calderas de las industrias, pero también sucede con la generación de electricidad (si no viene de renovables) e incluso en muchos procesos industriales que generan emisiones sin ser debidas al uso de combustibles fósiles, como la fabricación de algunos productos químicos.

También la agricultura y la ganadería generan emisiones (¿te has enterado de que existe la dieta climariana?) y existen algunos gases refrigerantes (algunos están en tu aire acondicionado) que también son causantes de ese efecto invernadero.

¡Prácticamente todo genera emisiones en algún punto u otro de la cadena!

¿Para qué sirve conocer la huella de carbono?

Calcular la huella de carbono nos permite ser conscientes del impacto que genera una actividad en el calentamiento global. Y a partir de ahí puede servir como herramienta de sensibilización.

¿Recuerdas que al principio te decía que usamos los kilos para controlar nuestro peso? Y de ahí vemos si estamos bien de salud, si nos conviene hacer ejercicio, ponernos a dieta o quizá comer algo más si estamos extremadamente delgados. Pues lo mismo pero con la huella de carbono.

Podemos ver si emitimos más que las demás empresas del sector, si necesitamos reducir emisiones, encontrar puntos de mejora en nuestros procesos, establecer compromisos de reducción de emisiones…

También es una herramienta muy útil para dar información al consumidor de las consecuencias que tiene usar un u otro producto o servicio (especialmente si hablamos de consumidores responsables).

¿Se puede calcular la huella de carbono de cualquier cosa?

Sinceramente, sí.

Evidentemente, es más fácil calcular la huella de una empresa pequeñita y con una actividad sencilla que la de un empresón gigante con infinitos procesos de fabricación o que la de un producto, como un plátano de canarias.

Puede ser más o menos complejo, pero por poder, se puede.

Lo de cómo se calcula y qué cosas hay que tener en cuenta lo dejamos para el post siguiente. 😉

Y si tienes interés en calcular la huella de carbono de tu empresa puedes hablar con nosotras cuando quieras o apuntarte al próximo curso de cálculo de huella de carbono que impartiremos en breve.

¡Hasta el próximo post!

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