Seguimos con el ciclo de posts relacionados con la huella de carbono y, aunque hoy pretendía centrarme en cómo funciona el cálculo de la huella, tras una conversación telefónica que tuve ayer con un potencial cliente creo que es necesario explicar otra cosa antes:
¿Cuál es la diferencia entre la huella de carbono de organización y la de producto?
Quiero aclarar que no son los únicas huellas que podemos hacer, también existen protocolos para hacer el cálculo de eventos, de proyectos, para la cadena de suministro e ¡incluso para ciudades!.
¿Por qué esas dos entonces? Porque a nivel de día a día son las que más tiempo llevan existiendo y están más desarrolladas. Además de las más habituales de realizar.
La principal diferencia entre una huella y otra la dan los límites hasta los que llegamos en el cálculo. Cuando hablamos de la huella de organización nos vamos a quedar en los límites de ésta. Si nos imaginamos toda la empresa metida entre cuatro paredes, sólo nos interesaría lo que ocurre dentro de éstas. En cambio, cuando hablamos de la huella de un producto, tenemos que irnos mucho más allá. Será necesario considerar todo el proceso desde un punto de vista de ciclo de vida.
El ciclo de vida de un producto comienza con la extracción de las materias primas necesarias para la fabricación de dicho producto y termina en cuando ese producto finaliza su vida útil y es tirado por el usuario final (en vertedero o para su reciclado o lo que sea que se haga con él). Por el medio suceden las demás etapas: transporte, distribución, fabricación, venta y uso. Lo verás mejor en la imagen siguiente:

Otra diferencia está en el alcance temporal. Cuando trabajamos con la huella de carbono de la empresa, el cálculo se hace a partir de los datos recopilados durante un año (habitualmente un año natural), mientras que para la huella de producto el cálculo se hace en base a lo que se llama “unidad funcional”. Lo explicaré con más detalle en un post futuro, pero para que lo entiendas ahora, una unidad funcional puede ser una unidad de producto (una caja de zumo, por ejemplo) o una cantidad del mismo (1 tonelada de papel).
Evidentemente, al ser cálculos distintos tienen protocolos diferentes a seguir, que te contaré en los próximos post de la serie.
Te lo dejo más claro con esta pequeña infografía:

Por cierto, si quieres aprender a hacer el cálculo de huella de carbono, tanto de organización como de producto, puedes apuntarte al curso online que imparto para la Coordinadora Estatal de Ciencias Ambientales que arranca la semana que viene. Más info aquí.
¡Hasta el próximo post!