668819116 hola@paulabaldo.es

¡Hola!

El post de hoy, más que un artículo como tal, es una reflexión personal. (Y sí, la referencia del título es muy de nicho y bastante generacional, pero es mi reflexión :P)

Supongo que, como ya nos acercamos al final del año, una se vuelve más introspectiva.

Ahora que estos días no hacemos más que hablar, ver y oír cosas sobre la COP25, parece que el mundo está empezando a descubrir que sus acciones generan huella de carbono y, por ende, tienen impacto sobre el cambio climático. (¡Oh, sorpresa!)

A partir de ahí, tenemos dos principales líneas de noticias o posts (que sí, que hay más, pero lo que más me llegan son de éstas):

  • aquellas que no hacen más que culpar al ciudadano de lo mal que lo hace y le da lecciones de cómo vivir más en línea con la sostenibilidad y que, desde mi punto de vista, olvidan que es la economía, la forma de hacer negocio o de funcionar de muchas empresas y las políticas existentes las que agravan el problema.
  • las que nos muestran la tecnología como la gran salvadora, nuestra superheroína particular, la que puede salvar el planeta de todas las maldades que el ser humano le ha causado.
Si a esa camiseta le añaden a Johnny 5 me la pillo fijo y sería la imagen perfecta para ilustrar este post 😉

De las primeras habría mil cosas que decir. 

Está claro que todos tenemos que aportar nuestro granito de arena, no en balde estamos frente a un problema global, pero es necesario ver que cuando no hay alternativas accesibles una persona hace lo que hay y “milagros a Rita”.

De poco sirve que lo chachi sea comprar a granel y en las tiendas de tu barrio si tu situación te ha llevado a vivir en uno humilde, de esos que se hicieron en los 60 para familias obreras, que apenas tienen tiendas y lo único que tienes cerca para hacer la compra sea una mega superficie.

Como este ejemplo muchos más. Y no me meto con lo que hacen las empresas porque

  1. Ya lo sabes
  2. Si empiezo no paro.

De las segundas es algo en lo que me gustaría entretenerme un poquito más.

El potencial que tiene ahora mismo la tecnología es enorme, pero creo que es un poco iluso pensar que vamos a ser capaces de desarrollar toda la que nos hace falta para resolver el problema del cambio climático en el poco tiempo que tenemos.

Hay que apostar fuerte por ella, sí. Lo más que podamos. Pero también son necesarios otros cambios (esos famosos cambios estructurales de los que tanto se habla estos días al mencionar la transición justa y esas cosas).

Además, actualmente la tecnología adolece de algo muy importante: un correcto enfoque social y falta de información a nivel de sus impactos ambientales.

Respecto a lo segundo, poco a poco empezamos a saber más cosas, aunque nos las llegan con cuentagotas y a veces con un enfoque algo alarmista (que yo entiendo que el periodista tenga que hacer llegar a la gente a su artículo, pero es que hay veces que… uff…). Poner comparativas como, por ejemplo, que ver porno emite tanto como Bangladesh no ayuda para nada a transmitir la importancia de la actual crisis climática.

Una cosa está clara: la tecnología va directamente de la mano del uso energético y por lo tanto, como cualquier otra cosa que gaste energía, genera emisiones. 

¿Nos cargamos entonces la tecnología? ¿Volvemos a la edad pre-internet?

No, por favor. Seamos serios. Además, ya es tarde para ello (y no quiero ni hacer las cuentas de la cantidad de vidas que dependen ahora mismo de que .

Pero lo que sí podemos hacer es trabajar porque ese consumo energético sea razonable, adecuado y a ser posible proveniente de energías limpias. Incluso, con un adecuado enfoque, podríamos acelerar la transición a las renovables, tal y como comenta Greenpeace en su informe Clicking Clean 2017.

Y en lo referente a la parte social (que sí, que es otra de las “patitas” de la sostenibilidad). 

En cuanto a perspectiva de género (un tema que parece que se atasca en las negociaciones de la COP25) te recomiendo que le eches un ojo al artículo sobre mujeres y tecnología que ha publicado mi amiga Paz, que habla sobre esas voces sensuales, sumisas, que atienden todos tus deseos y que están detrás de Cortana o Alexa.

En otra ocasión te comenté que existen desigualdades a nivel de acceso a internet, pero ésta no sólo se da a nivel de países también a nivel de accesibilidad web por características personales.

¿Sabías que existen estándares que mide el grado de accesibilidad de las páginas web?

Se crearon a través de W3C Web Accessibility Initiative (WAI). A través de esta iniciativa, se pretende que todos los sitios web, herramientas y tecnologías sean diseñadas y desarrolladas de tal forma que las personas con discapacidades puedan usarlas.

Pero no sólo se queda ahí, una buena accesibilidad web ayuda y beneficia a otras personas como por ejemplo aquellas personas mayores cuyas habilidades han cambiado por la edad, personas con limitaciones por conexiones lentas a Internet o poco ancho de banda, gente que utiliza diferentes dispositivos de entrada a la web como el móvil, un televisor u otros dispositivos que tengan pantallas pequeñas.

Si lo hacemos con baños y aparcamientos, ¿por qué no con la web y otras tecnologías?

¿Y sabías que hasta tenemos un real decreto que regula eso?

Aunque éste sólo aplica al sector público, también tenemos otro que obliga a los portales de las empresas privadas con más de 100 trabajadores, o que facturen más de 6 millones de euros a ser accesibles. Esas son unas cuantas, ¿no te parece?

Como ves aún nos falta mucho por hacer en tecnología desde una perspectiva sostenible, afortunadamente hay muchos que estamos trabajando desde ese punto de vista. 

¿Es por tanto la tecnología la solución a nuestros problemas ambientales?

Quizá no sea LA solución, pero si se crea y diseña tecnología con una perspectiva completa de triple balance estoy segura de que nos acercará mucho a ella.

PD: Uno de nuestros propósitos de año nuevo es que nuestra web sea accesible, a ver si somos a conseguir la triple A. 😉

¡Hasta el próximo post!

Foto de Negocios creado por jcomp – www.freepik.es