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Ese es uno de los consejos de mi madre que más me ha ayudado en mi vida adulta.

Me lo dijo mientras me ayudaba a preparar la maleta, llena de ropa (y nervios, y miedos, e ilusiones) para mi cercana mudanza a León a estudiar la carrera (Ciencias Ambientales, por si no lo sabías).

En su momento no le di gran importancia, pero esta semana me acordé de ello mientras intentaba no matarme tendiendo la ropa con medio cuerpo fuera de la ventana. Lo simpático del asunto es que me di cuenta de que llevaba años siguiendo aquél consejo sin darme cuenta. Lo tengo tan interiorizado que «tiendo bien» siempre que puedo y no tengo que hacer peligrosas acrobacias para llegar a las cuerdas del tendal.

Y dándole vueltas a la frase, pensé que lo aplico no sólo a la ropa sino a un montón de cosas más en la vida, especialmente en el trabajo. Porque al fin y al cabo, lo que ella me estaba diciendo era que si haces bien una etapa previa a cualquier cosa, la siguiente te saldría mejor y con más facilidad.

Por eso es tan importante planificar y estructurar los proyectos, especialmente los enfocados a estrategias ambientales, antes de lanzarse a ejecutarlos. Yo iría incluso un paso más atrás: por eso es básico tener unos buenos datos de partida antes de esa planificación.

Y de nuevo volvemos a la importancia de los indicadores, de los KPI, … De la información que tenemos y manejamos, al fin y al cabo.

¿Y cómo tienen que ser esos datos?

Aquí podría ser super técnica, hablarte de que si medible, objetivos, enmarcados en el tiempo, bla, bla bla… pero yo creo que antes de meterse en enjundias y complicaciones hay cosas más básicas que tienen que existir y que muchas veces se nos olvidan. A saber:

  1. Tienen que servirte para algo. No pierdas el tiempo midiendo la cantidad de seguidores que tienes en redes sociales si lo que tienes que saber es cuántos de ellos te compran (y luego ya si puedes averigua por qué esos sí y otros no, aunque eso también da para otro post).
  2. Tienen que tener unidades. Ay, sí. Que se nos olvidan. ¿Estoy anotando euros o miles de euros? ¿Kilos o toneladas de residuos?
  3. Los tienes que entender tú, pero también alguien que no sepa nada de tu proceso o negocio. Me cansan la cantidad de memorias de sostenibilidad (por poner un ejemplo) que leo y no entiendo (o sólo entiendo la mitad), porque hace falta ser parte de la empresa para entender los detalles reales a los que se refiere (y hay muchos ejemplos de eso, te lo prometo).
  4. Si te pones a medir, hazlo de verdad. Cuando toque, todos los días o una vez al mes ¡¡o al año!!, pero pilla el dato cuando toca. Acordarte una semana después de la fecha y tener que hacer cábalas para poder saber el valor que tendría ese día no es muy recomendable, además que con lo de los indicadores hay que hacer como con el deporte: ser contante e ir poco a poco.
  5. ….. …. No se me ocurre un quinto punto, tampoco creo que haga falta. Si consigues los cuatro anteriores ya puedes trabajar, analizar y diseñar estrategias como un campeón o campeona de la sostenibilidad, ya verás.

Así que hoy te traigo ese mismo consejo que me dio mi madre: «Tiende bien y plancharás la mitad», que para ser sostenible es sólo ponerse a ello y saber por donde empezar.