Hay dos respuestas para ello: la corta y la larga.
La corta: por dinero. No tenía ningún proyecto entre manos y surgió la oportunidad y hacía falta facturar. Fin.
Si no te interesa saber más puedes dejar de leer aquí y seguir trabajando (o lo que tengas que hacer hoy), pero si quieres entender por qué autoincumplí una promesa, aún te queda un rato.
Haré como dijo alguien muy sabio:
Empieza por el principio y sigue hasta llegar al final: allí te paras.
Rey de Corazones en Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (L. Carroll)
¿Por qué me prometí que no volvería a implantar normas ISO?
Porque las odiaba.
Quizá odiar es una palabra muy fuerte, pero la verdad es que no me gustaban nada.
Tras años convencida (antes de iniciar mi andadura laboral) de que era “mi rollo”, lo que más me gustaba dentro de la consultoría, donde más creía que podía aportar, etc., etc., empecé a trabajar de consultora.
Y me di de bruces con la realidad:

Papeleo infinito, kilómetros y kilómetros de coche, carreras y prisas de última hora porque la auditoría es mañana y aún no está hecha la revisión por la dirección (ni absolutamente nada), clientes que pasan de todo y sólo les preocupa su “diploma” en la pared, un constante “no me pongas esa no conformidad en la auditoría interna, mejor esta otra que así lo puedo arreglar a tiempo”, …
¿Sigo? Si estás trabajando o has trabajado de ello seguro que te suena todo.
No creas que tardé mucho en ver que aquello no era lo que tenía en mente antes de empezar a trabajar.
Me formé mucho en ello, me contaron las mil y un ventajas que tenían aquellos sistemas de gestión, la cantidad de mejoras que tendría la empresa, pero la primera vez que me puse a hacer algo decente con un cliente mi jefe me paró los pies con un sencillo: “Mira Paula, hay consultores buenos y consultores rápidos. Aquí queremos consultores rápidos.”
Mi rebeldía natural hizo que pensara que yo podría ser buena y rápida al mismo tiempo. Lo intenté, con todas mis fuerzas, de verdad. Y alguna vez lo conseguí, aunque la mayor parte de las veces el cliente tampoco quería una buena consultora (sino una rápida). Así acabé metida en la rueda de la chapuza y el copia-pega. Ese que abunda tanto en consultoría (y el que diga que no es así, miente). De ahí, a cogerle asquito al trabajo que hacía fue cuestión de tiempo.
Salí de aquello. Sí, de la mala consultoría también se sale, incluso me costó menos que dejar de fumar. Y al igual que hice cuando apagué mi último cigarrillo, me dije que ni una ISO más. Se acabó. A otra cosa.

Así nació uno de los pilares de este proyecto: Ese espíritu de hacerlo bien, de ir con calma y trabajar a gusto. Pero el nacimiento de envirall daría para otro post y no toca ahora.
Volviendo a las ISO. Ni una más me dije.
Hasta hace unos meses.
Como te decía en la versión corta, en ese momento no teníamos ningún proyecto entre manos y nos hacía falta facturar. A eso se le unió la oportunidad de tener a alguien en el equipo que durante estos últimos meses ha demostrado que vale infinito más de lo que dice su CV y que quería hacer sistemas de gestión.
Pero lo que me hizo decidirme por el proyecto fue el cliente. Concretamente Rubén, el gerente (al que le hicimos una oferta personalizada que no fue tal, otra anécdota para otra ocasión).
El día que nos conocimos apenas llevaba un mes en gerencia. Venía de otra empresa del sector y tenía las cosas muy claras: había llegado a la empresa para sacarla del agujero en el que estaba.
Quería recuperar clientes que se habían perdido, volver a sacar trabajo adelante y reducir los impagos acumulados que tenía la empresa tras la anterior gerencia. Una labor de superhéroe, pensé (y sigo pensando).
Y tenía clarísimo que necesitaba la ISO 9001.
La empresa la había tenido años atrás, pero la habían abandonado y dejado por imposible. En la primera reunión me puso sobre la mesa todas las pegas que había al respecto y que se parecían mucho a todas las razones por las que yo había dejado de hacer ese trabajo. También me dijo que sabía que con ella podían mejorar, que les vendría fenomenal siempre que lo hicieran bien y a su ritmo, siempre que estuviera ¡adaptada a ellos!
No me lo podía creer. Cuando me dijo que lo que no quería era un “cuadro en la pared” casi se me escapa una lagrimita de la emoción, te lo juro.
Nos sacó del armario la documentación de la versión anterior. ¡Tuvimos que cargarlo en el coche entre dos! Al decirle que todo eso que nos daba probablemente acabaría como papel reciclado sólo sonrió y dijo “Mejor, cuanto menos papel mejor”.
Así empezamos a trabajar con Metalúrgica MG. Es más, ya casi hemos terminado.
Sus cuatro toneladas de papel se han convertido en seis documentos (en digital, por supuesto) y unas mini-fichas para las no conformidades que surjan en el taller, hemos hecho un DAFO entre todo el personal (y cuando digo todo es todo) con una honestidad y sinceridad brutal por parte de todos y hemos diseñado una estrategia para la empresa mano a mano con gerencia que estamos convencidas de que les servirá para llegar todo lo lejos que quieren llegar.
He vuelto a disfrutar con algo que creía que odiaba y no sólo eso, me he sentido como la Robin de Batman, como la Holmes de Sherlock. Da gusto acompañar y ayudar a un héroe. Héroes en este caso, porque todos en esa empresa lo son.
Así que sí, volvemos a implantar normas ISO, pero no a todo el mundo.
Si quieres que trabajemos contigo estaremos encantadas de hablarlo. Te prometemos un trabajo de calidad, personalizado, con el mínimo papel posible y 100% adaptado a tu empresa. Si eso es lo que buscas, somos tu consultora. Pero si lo que quieres es un diploma más en la pared, lo sentimos, pero tú no eres nuestro cliente.