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Hace unos días llegué al post de innokabi sobre bootstrapping.

Una de las razones por las que me paré a leerlo fue que en envirall llevamos años siguiendo esa filosofía de trabajo y no suelo encontrar referencias a ella en páginas en castellano, por lo que me alegró descubrirlo.

Pero además, venía con un vídeo de un corto (lo tienes al final del post, no te lo pierdas que es genial), ganador de un Goya hace unos años, que me trajo a la cabeza algunas ideas de las que me gustaría hablarte hoy.

En el entorno emprendedor en el que me muevo habitualmente, no es raro encontrarse con auténticos vendehúmos profesionales. Personas que te venden su proyecto como si fuera lo más de lo más, lo último, lo más novedoso, acompañado de diapositivas impactantes, frases de Steve Jobs (u otro emprendedor famoso y de éxito) y con una puesta en escena espectacular.

Pero ahí se queda todo, tras esa presentación no hay nada, es todo un espectáculo de magia. En cuanto empiezas a rascar y a investigar descubres que detrás de todo ello no hay más que vacío y humo, mucho humo.

Y me temo, que en el ámbito de la sostenibilidad está empezando a pasar lo mismo.

No podemos negar que la sostenibilidad está de moda. Tenemos cadenas de televisión hablando de los ODS, nos hablan del malvado plástico hasta en la sopa (en algunos casos casi literalmente) y tenemos importantes movimientos globales, como el FridaysForFuture, que no dejan que olvidemos lo grave que es el cambio climático.

Es entonces cuando las marcas se apuntan a ello. 

Muchas empresas o proyectos se intentan envolver en esa aura de la sostenibilidad porque vende, porque hay mercado o quizás porque les mola el rollo. Algunas lo hacen fenomenal, pero otras se convierten en auténticos vendehúmos ambientales.

Quiero pensar, y ya lo he comentado alguna vez, que la maldad no es intrínseca a las empresas, sino que muchos de los errores que se cometen son por puro desconocimiento y en su mayoría por creer saber, cuando en realidad no sabes.

Ahora aparecen empresas que se las dan de sostenibles, también con diapositivas impactantes (en esta ocasión de animales sufriendo o paisajes devastados por la sequía) y con frases y citas de biólogos, ambientólogos, conservacionistas o ecologistas famosos. ¿Y qué pasa cuando investigas y rascas la superficie? Pues lo esperado: que no hay nada o lo que es peor, que puede que estén causando más problemas que soluciones.

Se generan así casos de greenwashing flagrantes o de desinformación al consumidor que perjudican a la marca mucho más que lo que ésta suele llegar a pensar.

Si como creo, ese lavado de cara verde es fruto del desconocimiento, desde aquí quiero aportar mi granito de arena para que tú o tu empresa podáis evitarlo, así que aquí van unas cuantas ideas que puedes seguir:

Investiga y utiliza datos de valor

Sí, da pereza, pero es necesario investigar a fondo y buscar información que aporte valor. Utiliza datos fiables, de estudios reconocidos e independientes de políticas, empresas o sectores. Puede ser que descubras que tu proyecto o producto no es tan verde como parecía. Si es así, no desesperes, también puedes encontrar pistas para acercarte a la solución correcta.

Utiliza las palabras con propiedad.

La sostenibilidad, como todo, tiene su propio vocabulario y hay que aprenderlo como cualquier otro idioma. Suena genial cuando algo es bio o eco, pero ¿realmente lo es? ¿sabes lo que esas palabras quieren decir?. Un ejemplo de palabras que se suelen confundir en el lenguaje diario son reciclar y reutilizar, ¿conoces la diferencia?

Ten una visión global de las cosas.

Tu proyecto o producto no empiezan y acaban en tus manos. Antes han pasado cosas, después también sucederán. Familiarizarte con conceptos como el análisis de ciclo de vida o la teoría de sistemas pueden serte de gran ayuda.

Comunica con transparencia y honestidad.

Tus clientes (reales y potenciales) agradecerán tu sinceridad. Eso genera respeto hacia una marca y facilita ese engagement del que tanto se habla en empresa y marketing. Si eres sostenible explica por qué, aporta datos, información veraz que se pueda comparar. El cliente preocupado por el medio ambiente va a estudiar con lupa todo lo que le cuentes. No le mientas, que te pillará.

Sé coherente.

La sostenibilidad no debería ser cosa de un único proyecto o producto dentro de tu línea. Es más, hacer eso suele generar comentarios entre los que nos preocupamos por la sostenibilidad del tipo “eso es solo postureo ambiental” o algo similar (y menos educado en ocasiones). Un ejemplo rápido: de poco vale que hagas un ordenador con componentes 100% reciclables si el resto de tu gama tiene una durabilidad mínima, no es reparable y además explota a personas de países en desarrollo. 

Espero que con estos cinco puntos tengas más claro cómo orientar tu estrategia de sostenibilidad. Y si necesitas ayuda, en envirall podemos facilitarte ideas de ecodiseño o análisis de ciclo de vida que ayuden a validar tu proyecto o producto sostenible.

¡Y aquí va el vídeo!