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¡Hola!

Aunque parezca increíble ya hace dos semanas que no me paso por aquí.

Pero, por si no te habías enterado, es que estaba de vacaciones ¡en Japón!

Así que, aprovechando la circunstancia, hoy quiero contarte algunas de las cosas que vi por allí, al menos desde mi perspectiva viajera y ambientóloga.

¿Y ésto cómo lo reciclo?

Lo primera cosa con la que me choqué fue con el tema del reciclaje y la basura. Ya no es sólo que sea difícil de entender por los símbolos y el idioma, es que para mí no tenía ni pies ni cabeza.

La única cosa que sí tenía clara era que este símbolo indicaba que lo que lo llevara era reciclable:

Plástico reciclable
Papel reciclable

Puede que me equivoque (si hay algún japonés leyendo que me corrija si es así, porfa) pero me dio la sensación de que era equivalente a nuestro punto verde de Ecoembes. Es decir, que sólo lo vi en envases de plástico y en algunas bolsas de papel y poco más.

Además, allí no hay papeleras en la calle. Se espera que cada uno cargue su propia basura hasta casa y allí la tire donde corresponda.

La única excepción es que a veces hay papeleras cerca de algunas de las millones de máquinas expendedoras que pueblan el país, con la peculiaridad que son exclusivamente para los envases de los productos que sirven esas máquinas (latas y botellas de PET).

Pero lo difícil era saber a qué contenedor iba cada cosa. Allí no tienen los clásicos colores amarillo, azul y verde, no. La basura se divide en:

  • Combustible (restos de comida, papeles, ropa)
  • No combustible (aquí meten el vidrio, por ejemplo, que no parece que lo reciclen)
  • Reciclables (principalmente latas y envases, aunque también entran aquí los periódicos o cartones)
  • Basura voluminosa (aquí cabe de todo, desde muebles y ropa de cama hasta pequeñas motocicletas)

En la mayor parte de los hoteles en los que he estado, en las habitaciones sólo tenías papelera para los dos primeros. Me pareció muy poco operativo, teniendo en cuenta que llegas cada día con mil tickets, entradas, folletos, etc. típicos de hacer turismo y que podrían reciclarse perfectamente. (Y eso que estuvimos en uno que tenía una certificación ambiental del gobierno japonés).

Averiguar qué iba en cada sitio fue unas risas.

Otra de las cosas que más me llamó la atención fue el exceso de embalaje de absolutamente todo. Todo lleva un envase, dentro de otro envase y dentro de otro envase. Por ejemplo, un paquete de galletas tiene las galletas dentro envueltas de forma individual y además colocadas en otro plástico que da forma al paquete.

Pero el colmo de los envoltorios me lo encontré cuando vi que en los paquetes de chicles en grageas, éstas estaban envueltas ¡¡¡de forma individual con un papelito metálico!!!

Creo que es tan exigente y complicado el sistema que al final muchísima gente pasa de todo y al final te encontrabas las calles de Tokyo llenas de basura y envases por el suelo en cualquier rincón. Una auténtica pena.

También me pareció que algunos aspectos culturales chocan de pleno con tener cierta concienciación ambiental.

Por ejemplo, es muy importante y se valora mucho que en una tienda te den el paquete perfecto de lo que compras, pero eso hace que te lo den excesivamente envuelto y además con una bolsa idéntica a la de la tienda dentro de la propia bolsa en la que te lo llevas. Imagino que para usarla más adelante cuando lo vayas a regalar y que quede más bonito.

Lo mismo ocurre con la hospitalidad, en los hoteles te cambian las toallas todos y cada uno de los días (aunque intentes que no lo hagan no hay manera, nosotros acabamos con más toallas de las que podíamos manejar) y te ponen un cepillo de dientes o unas zapatillas nuevas cada mañana.

Sin embargo, el tema del coche lo llevan genial. Además de tener un transporte público alucinante (algo caro, sí, pero compensa con creces) a base de infinitas combinaciones de trenes, metro, autobuses… prácticamente todos los vehículos son híbridos o eléctricos. Y en ciudades más pequeñas como Kyoto, la bici es el principal medio de transporte (aunque van indistintamente por la acera y por la carretera).

Un momento increíble es darte cuenta que en una ciudad con un tráfico tremendo, en plena hora punta, cuando los semáforos se ponen en rojo y se paran los coches, se hace un absoluto silencio y sólo se escuchan los pasos de la gente (y las voces de los turistas, claro).

Desafortunadamente, en un país precioso y lleno de gente super amable como es Japón, la mujer sigue estando un paso por detrás del hombre. Se ve en detalles como que sólo las mujeres llevan en su bici las sillitas para recoger y llevar a sus hijos pequeños o el reciente #Glassesban.

Y quizá no fue una decisión consciente, pero me resultó llamativo que la mascota de los juegos olímpicos fuera claramente masculina, mientras que la femenina es para los paraolímpicos.

Miraitowa y Someity , las mascotas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020 (fuente: www.huffingtonpost.es)

Otro aspecto que me apenó bastante es la cantidad de sin techo que encuentras en Tokyo y que además piensan que son una vergüenza para la sociedad y ésta se empeña en ocultarlos.

Al mismo tiempo encuentras trenes en las líneas principales totalmente decorados y con promoción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (no me dio tiempo a hacer la foto, iba muy rápido!!).

Mi conclusión es que Japón es un país de contrastes, no sólo culturalmente con nosotros, sino también entre ellos mismos. 

Por un lado tenemos una creciente preocupación ambiental, como unas medallas hechas de RAEE reciclados, pero que desde fuera me transmite una sensación de vacío y más aparentar que sentir. Incluso en los hoteles había una línea en la bañera que marcaba el límite del agua recomendado para darte un baño teniendo en cuenta el medio ambiente (¿¿mande??).

De todas formas te animo a que vayas. Es toda una experiencia y ver cómo se hacen las cosas en otras partes del mundo siempre ayuda a mejorar en cómo las hace una misma.

¡Hasta el próximo post!

¡Hola!

Aunque parezca increíble ya hace dos semanas que no me paso por aquí.

Pero, por si no te habías enterado, es que estaba de vacaciones ¡en Japón!

Así que, aprovechando la circunstancia, hoy quiero contarte algunas de las cosas que vi por allí, al menos desde mi perspectiva viajera y ambientóloga.

¿Y ésto cómo lo reciclo?

Lo primera cosa con la que me choqué fue con el tema del reciclaje y la basura. Ya no es sólo que sea difícil de entender por los símbolos y el idioma, es que para mí no tenía ni pies ni cabeza.

La única cosa que sí tenía clara era que este símbolo indicaba que lo que lo llevara era reciclable:

Plástico reciclable
Papel reciclable

Puede que me equivoque (si hay algún japonés leyendo que me corrija si es así, porfa) pero me dio la sensación de que era equivalente a nuestro punto verde de Ecoembes. Es decir, que sólo lo vi en envases de plástico y en algunas bolsas de papel y poco más.

Además, allí no hay papeleras en la calle. Se espera que cada uno cargue su propia basura hasta casa y allí la tire donde corresponda.

La única excepción es que a veces hay papeleras cerca de algunas de las millones de máquinas expendedoras que pueblan el país, con la peculiaridad que son exclusivamente para los envases de los productos que sirven esas máquinas (latas y botellas de PET).

Pero lo difícil era saber a qué contenedor iba cada cosa. Allí no tienen los clásicos colores amarillo, azul y verde, no. La basura se divide en:

  • Combustible (restos de comida, papeles, ropa)
  • No combustible (aquí meten el vidrio, por ejemplo, que no parece que lo reciclen)
  • Reciclables (principalmente latas y envases, aunque también entran aquí los periódicos o cartones)
  • Basura voluminosa (aquí cabe de todo, desde muebles y ropa de cama hasta pequeñas motocicletas)

En la mayor parte de los hoteles en los que he estado, en las habitaciones sólo tenías papelera para los dos primeros. Me pareció muy poco operativo, teniendo en cuenta que llegas cada día con mil tickets, entradas, folletos, etc. típicos de hacer turismo y que podrían reciclarse perfectamente. (Y eso que estuvimos en uno que tenía una certificación ambiental del gobierno japonés).

Averiguar qué iba en cada sitio fue unas risas.

Otra de las cosas que más me llamó la atención fue el exceso de embalaje de absolutamente todo. Todo lleva un envase, dentro de otro envase y dentro de otro envase. Por ejemplo, un paquete de galletas tiene las galletas dentro envueltas de forma individual y además colocadas en otro plástico que da forma al paquete.

Pero el colmo de los envoltorios me lo encontré cuando vi que en los paquetes de chicles en grageas, éstas estaban envueltas ¡¡¡de forma individual con un papelito metálico!!!

Creo que es tan exigente y complicado el sistema que al final muchísima gente pasa de todo y al final te encontrabas las calles de Tokyo llenas de basura y envases por el suelo en cualquier rincón. Una auténtica pena.

También me pareció que algunos aspectos culturales chocan de pleno con tener cierta concienciación ambiental.

Por ejemplo, es muy importante y se valora mucho que en una tienda te den el paquete perfecto de lo que compras, pero eso hace que te lo den excesivamente envuelto y además con una bolsa idéntica a la de la tienda dentro de la propia bolsa en la que te lo llevas. Imagino que para usarla más adelante cuando lo vayas a regalar y que quede más bonito.

Lo mismo ocurre con la hospitalidad, en los hoteles te cambian las toallas todos y cada uno de los días (aunque intentes que no lo hagan no hay manera, nosotros acabamos con más toallas de las que podíamos manejar) y te ponen un cepillo de dientes o unas zapatillas nuevas cada mañana.

Sin embargo, el tema del coche lo llevan genial. Además de tener un transporte público alucinante (algo caro, sí, pero compensa con creces) a base de infinitas combinaciones de trenes, metro, autobuses… prácticamente todos los vehículos son híbridos o eléctricos. Y en ciudades más pequeñas como Kyoto, la bici es el principal medio de transporte (aunque van indistintamente por la acera y por la carretera).

Un momento increíble es darte cuenta que en una ciudad con un tráfico tremendo, en plena hora punta, cuando los semáforos se ponen en rojo y se paran los coches, se hace un absoluto silencio y sólo se escuchan los pasos de la gente (y las voces de los turistas, claro).

Desafortunadamente, en un país precioso y lleno de gente super amable como es Japón, la mujer sigue estando un paso por detrás del hombre. Se ve en detalles como que sólo las mujeres llevan en su bici las sillitas para recoger y llevar a sus hijos pequeños o el reciente #Glassesban.

Y quizá no fue una decisión consciente, pero me resultó llamativo que la mascota de los juegos olímpicos fuera claramente masculina, mientras que la femenina es para los paraolímpicos.

Miraitowa y Someity , las mascotas de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio 2020 (fuente: www.huffingtonpost.es)

Otro aspecto que me apenó bastante es la cantidad de sin techo que encuentras en Tokyo y que además piensan que son una vergüenza para la sociedad y ésta se empeña en ocultarlos.

Al mismo tiempo encuentras trenes en las líneas principales totalmente decorados y con promoción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (no me dio tiempo a hacer la foto, iba muy rápido!!).

Mi conclusión es que Japón es un país de contrastes, no sólo culturalmente con nosotros, sino también entre ellos mismos. 

Por un lado tenemos una creciente preocupación ambiental, como unas medallas hechas de RAEE reciclados, pero que desde fuera me transmite una sensación de vacío y más aparentar que sentir. Incluso en los hoteles había una línea en la bañera que marcaba el límite del agua recomendado para darte un baño teniendo en cuenta el medio ambiente (¿¿mande??).

De todas formas te animo a que vayas. Es toda una experiencia y ver cómo se hacen las cosas en otras partes del mundo siempre ayuda a mejorar en cómo las hace una misma.

¡Hasta el próximo post!