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Llevas mucho tiempo oyendo hablar de la transformación digital y cómo ésta es fundamental para las empresas ya no del futuro, sino del presente más inmediato.

Sus ventajas son ampliamente comentadas y discutidas en todo tipo de foros empresariales, puesto que se necesita esta transformación para ser más competitivo y dar más valor en tu sector.

Además no se puede olvidar uno del cliente, darle la mejor experiencia posible, y en lo digital parece que está la respuesta. ¡Además el cliente lo está pidiendo!

Es como un santo grial que traerá maravillas y tesoros a las empresas.

La otra cara de la moneda está en la dificultad de implantación, de los costes asociados iniciales (que según todas las fuentes que encuentro se verán ampliamente compensados con el retorno económico una vez digitalizada la empresa) y de la resistencia al cambio (el clásico “es que siempre se ha hecho así”).

¿Hola?

¿Te suena?

Si en lugar de transformación digital utilizamos la sostenibilidad, ¿los argumentos te son más familiares?

La diferencia está en que lo de la transformación digital va a toda velocidad, las empresas se lo han creído y con razón, que es algo importantísimo y lo digital y lo ambiental van muy de la mano (otro día te cuento) y además las administraciones se dejan millonadas en ello. Con la sostenibilidad y el medio ambiente parece que no pasa lo mismo (y eso que llevamos más años dando la matraca).

Wall-e

Mi ejemplo favorito de tecnología y sostenibilidad

Es por eso que muchas veces presento mi trabajo como procesos o estrategias de transformación sostenible. Primero me miran con cara rara, pero me basta añadir luego un “¿Conoces la transformación digital? Pues lo mismo pero en sostenible.” y ya todo son sonrisas y comprensión (supuesta comprensión). Alucino, pero al menos me da pie a explicarme luego y traducirlo al lenguaje de mi interlocutor/a.

Volviendo al tema, hace unas semanas leí un artículo que venía a contar que la sostenibilidad es el nuevo digital (el título en inglés era más… catchy lógicamente) y, sinceramente, no podía estar más de acuerdo.

Partiendo de la base que el reto de la transformación digital está ya casi superado, el siguiente paso coherente de la empresa hacia la innovación será la sostenibilidad.

No digo que no quede mucho por hacer en cuestión digital, pero parece que apostar por ello no es tan difícil y la mayor parte de las empresas lo tienen asumido dentro de sus propias estrategias y capacidades.

Tengo bastante asumido que los principales motores de cambio a nivel empresarial no se basan (ojalá) en las presiones de los grupos de interés si no en ese tan humano sentir que el jardín del vecino es siempre más verde que el nuestro y el, más humano aún, querer tenerlo aún mejor que él.

Ahora que las empresas están a pares en cuanto a digitalización toca mirar por encima de la valla y ver qué es lo que diferencia a nuestra competencia y ahí es donde la sostenibilidad empieza (¡por fin!) a despuntar.

Ejemplos los tenemos cada vez más abundantes. Es raro que no escuchemos hablar del cambio climático una vez por semana, los partidos verdes cada vez son más fuertes en Europa y nos encontramos frente a un consumidor más consciente de su impacto y huella ecológica.

Pero donde realmente se ve la chicha, donde tenemos un cambio real y que de verdad afecta a la empresa está en los inversores. Ay, sí. Esos señores que se llevan su dinero de tu empresa si ve que peligra y no le va a sacar el rendimiento esperado.

Mi abuelo decía que el truco para ganar en bolsa era tener paciencia, mirar a largo plazo y en este tema las empresas (y por qué no decirlo, los políticos también) suelen fallar pero los inversores tienen puestos mil ojos en ello. 

Las tendencias son claras, los científicos han hablado (llevan años haciéndolo, pero ahora parece que por fin se les escucha) y las consecuencias económicas del cambio climático y los actuales modelos de negocio contaminantes son claras: si inviertes en ellas no habrá beneficios. El paso lógico es sacar mi dinero de esos negocios  invertir en otros con mejores perspectivas de futuro.

Y ahí es donde veremos de verdad esa deseada transformación sostenible, porque por muchos valores que tengamos y por triste que suene, es el dinero el que mueve al mundo empresarial.

 

Imagen de Ravi Shah en Flickr